Dear Mom

“Cuando silencias una voz, el cuerpo y el alma lo expresan, a veces en gritos de dolor, a veces… solo en letras”

El día que me violaron no me creíste, ahora que soy madre creo poder entenderte mejor. Cuando todo indicaba que mi hijo perdió el conocimiento y su mejor amigo me llamó para decirme que estaba como un bulto en el piso. Manejando rumbo a la escuela deseaba que no fuera cierto, quería que fuera una pesadilla o un sueño, uno no quiere que a los hijos les pase algo malo.

Pero SÍ pasan cosas, sí me violaron y si para ti con tus treinta y tantos años fue difícil de procesar imagínate para mí que tenía 13, yo también hubiera querido creer que no pasaba, me repetí millones de veces que no pasó y evité hablar del tema para pensar que nunca sucedió, pero el sol no se puede tapar con un dedo, las cosas suceden… por dolorosas que sean.

Quizá pienses que dando la espalda a un problema tan doloroso e impactante es igual a solucionarlo, que pretender que no existe es igual a olvidar, lo sé porque yo pensé lo mismo, yo también creí que si dejaba el problema atrás y seguía con mi vida era igual a que ya no existía y ¿sabes? el problema me siguió, atado a mi espalda… creciendo conmigo.

Haciéndose más grande, pesando cada vez más y lastimándome más cada día sin darme cuenta, acostumbrándome a vivir con el dolor, la ira y el rencor anclados a mi espalda, desgarrándola lentamente sin darme cuenta, hasta que decidí enfrentarlo y pude soltarme las cadenas que me mantenían atada a esa inmensa carga, pude darme cuenta qué la cargué todo este tiempo.

No sé qué sentiste, no sé qué pensaste, porque siempre evadiste el tema igual que yo, no sé si te dolió, no sé si de verdad crees que fui capaz de inventar algo así, ¡No! No soy capaz de inventar algo tan terrible solo por perjudicar a alguien, quizá mentí cuando dije que no había tortillas por flojera de llegar hasta la tortillería caminando o cuando negué haber comido galletas para evitar un regaño.

Él me cubrió la boca para silenciar mi voz y que nadie escuchara mi llanto o mis gritos en la madrugada y hubo tantas noches en las que no pude hablar y no recuerdo que hubiera puesto su mano sobre mi boca una vez más, no solo calló mi boca, silenció también mi corazón y mi alma, cada vez que alguien me hace daño lo único que puedo hacer es callar y llorar en silencio.

Sufrir en silencio, en soledad y agachando la cabeza avergonzada sin saber ¿por qué? Ahora lo entiendo, porque él no me dejó gritar y tú me dijiste mentirosa, me abofeteaste y me mandaste callar y sentí vergüenza, me sentí humillada y herida, sentí que me lo merecía y cada vez que alguien me lastima me siento igual.

La única persona que me dejó expresarme me regaló una libreta y me dijo: “¡Escribe! Escribe todo lo que sientes y quieras decir”. Desde ese día escribir no solo se convirtió en una forma de expresar mis emociones, es mi lengua, mi idioma, mi fortaleza, mi lugar seguro y mi refugio de paz.