Agradecer; Un acto de consciencia, paz y felicidad.

Un ser humano agradecido hará la diferencia en un mundo que necesita mucho más amor y consciencia.

Dar las gracias a Dios, al universo, a esa fuerza poderosa que existe, nos otorga una llave mágica que nos abre las puertas de la vida. Tener la consciencia de agradecer -por cada regalo que recibimos, a diario- nos convierte en seres humanos con muchas más posibilidades de conectar con la anhelada felicidad.
 
Estos tiempos de aislamiento por la presencia de una pandemia nos permitió darnos cuenta de que nada está garantizado en esta vida. Reflexionemos sobre esto: ¿Alguna vez diste las gracias por respirar aire puro? ¿Fuiste agradecido después de completar un día de trabajo? ¿Conectaste con el agradecimiento tras dejar a tus hijos en el colegio? ¿O recordaste lo afortunado que fuiste por irte de viaje con la familia, un fin de semana cualquiera?
 
Te apuesto que la respuesta es NO. Porque la mayoría de los seres humanos damos todo por sentado. Estamos acostumbrados a ignorar lo que abunda y a quejarnos por lo que no tenemos. Esta actitud es, precisamente, la que deberíamos cambiar. Aprovechemos estos días diferentes para dar las gracias por todos los privilegios que tenemos en esta vida. Te aseguro que verás cómo cosas maravillosas comienzan a sucederte.
 
Un día soleado, un cielo despejado, respirar sin mascarilla en medio de tu calle más cercana, el abrazo de un ser querido, todos esos son motivos sencillos por los que debemos decirle a Dios ¡Gracias!
 
Tener esta consciencia, permitirte este cambio de enfoque, te convertirá en una persona mucho más positiva, capaz de ver lo bueno en todo. Inclusive, hasta en lo que, en otro momento, sería considerado por ti como un mal momento. Por ejemplo, imagina que te sucede algo que no te gusta. Sientes molestia y estrés, tu respiración se torna incómoda, no te detienes a pensar en nada positivo porque te dejas llevar por una situación.
 
Si sumas el agradecimiento a tu vida, ese mal momento puede transformarse en algo positivo. Te estarás preguntando ¿cómo? La respuesta es muy sencilla, dale gracias a esa persona, momento, que te está haciendo vivir esa experiencia. Respira. Entiéndelo. Déjalo pasar. Justo en ese proceso encontrarás las respuestas dentro de ti. Es entonces cuando la magia estará ocurriendo.
 
De pronto, no estarás concentrado en el mal momento sino en el agradecimiento por eso que te sucedió. Sabes que esa realidad tiene un “para qué” en tu vida y sigues adelante.
 
¿Qué te quiero decir con todo esto? Por lo bueno que te ocurra, da las gracias. Por lo que te haga sentir mal, da las gracias. Por lo sencillo, por lo complejo. Detente y da las gracias. Es una llave mágica que te regalará más consciencia, paz y felicidad.
 
¡Agradece por todo! Inclusive si sientes que estás atascado en algún ámbito de tu vida. Por ejemplo, te va mal con el dinero, despiértate y dale gracias a Dios por tu prosperidad. Haz una afirmación que incluya el agradecimiento. Verás milagros en tu vida.
 
Si comienzas a poner en práctica el agradecimiento, te darás cuenta de la magia que ocurre. Inclusive, da las gracias por una enfermedad, por un ciclo que debiste cerrar de manera forzada. Comienza a decir “gracias” más seguido y con más consciencia.
 
Inicia este proceso dando las gracias por lo más pequeño. En las noches, respira y agradécele a tu cuerpo por respirar, a tus piernas por caminar, a tu ímpetu por acompañarte día a día.
 
Y así, poco a poco, da las gracias por cada cosa, por todo. La vida misma es un milagro que no debemos dar por sentado. Tenemos que estar conscientes de las maravillas de esta vida para que podamos disfrutar más de cada regalo que Dios nos da.
 
¡Somos parte de un todo! Si queremos vivir mejor, tenemos que comenzar por nosotros mismos. Uno somos todos.
 
Alba Ortiz Rojas.
Albitaortiz8@gmail.com