Amor incondicional de un Jagger

“Tú no eliges al perro, el perro siempre te elige a ti”

Jagger llegó a mi vida hace poco más de 4 años, en aquel momento mi vida era caótica, carente de sentido, gris y bastante solitaria. Tras dejar atrás mi país, mi familia y una relación seria y muy larga, la vida se me puso de cabeza. La depresión, la ansiedad y un conjunto de emociones que aún hoy me es difícil identificar, eran mi día a día y lidiaba con ellas como podía.  
Un perro sonaba como una locura, pero algo dentro me decía que era lo que necesitaba; comencé la búsqueda y tras varios intentos fallidos encontré a quien llame “Jagger”.
 
Nuestro primer encuentro no fue precisamente de cuento de hadas, al llegar al lugar y ver a los cachorros, todos jugaban y corrían en mis pies, excepto Jagger. Este muchacho sobresalía de todos por ser bastante más grande y desinteresado que sus hermanitos, pero por alguna razón desconocida, conectamos de inmediato, y aunque ese día me fui con las manos vacías, días después, ni una fuerte nevada pudo evitar que me subiera al coche y lo trajera conmigo.

La llegada a casa no fue precisamente la más feliz; en aquel entonces vivía en un departamento en el tercer piso, en un vecindario bastante activo y ruidoso (el tren, el metro y un hospital eran los sonidos del día a día y a todas horas). Jagger tenía miedo sino de todo, de casi todo, y se refugiaba debajo de la mesa de centro de la sala.

Jagger era bastante lejano al perro ideal, era (¡y sigue siendo!) un cachorro bastante tímido y alejado, muy en su onda, que si soy honesta, en un principio me hizo dudar mucho en que quizá mi idea de tener un perro en ese momento había sido un error y/o una locura.
 
¿Qué iba a hacer ahora? ¿Podría el cachorro acostumbrarse a estar conmigo? ¿Podría yo sola con la responsabilidad de tenerlo? Y es que siempre hemos tenido perros en mi familia, pero nunca había tenido uno donde no compartiera las responsabilidades que significa tenerlo (educarlo, asearlo, dedicarle tiempo, jugar con él, mantener la casa limpia, alimentarlo, cuidarlo cuando está enfermo, entre muchas otras).  

Con el paso de los días y cuando el cachorro por fin pudo adaptarse, entendí que ese perrito había pasado por un proceso similar al que yo estaba pasando. ¡Y entonces me hizo clic! Fue retirado de su zona de confort, de su familia e introducido en un ambiente totalmente diferente a lo que conocía, tal como a mí me había pasado, pero Jagger, a pesar de todo, aprendió a confiar a su tiempo y se abrió a las posibilidades de un nuevo mundo, un nuevo comienzo conmigo.

A partir de entonces, Jagger y yo somos inseparables. A su manera me ha enseñado a confiar en el proceso, a ser paciente, a bajar la velocidad y disfrutar el momento, a ser feliz con poco, a ser cautelosa, hacer caso de mi instinto, a perdonar rápido, que un beso y un abrazo son la mejor medicina después de un mal día, pero sobre todas las cosas, Jagger me enseñó y sigue enseñándome a amar sin condiciones.
 
 
 Angie Ortega
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