Contra la corriente

“Cuando todo parezca ir contra ti, recuerda que el avión despega contra el viento, no a favor de él”, Henry Ford

Nuestros pensamientos y emociones son como un rompecabezas que debemos armar y ajustar para mantener el control sobre cada pieza. Vivir en resiliencia nos ayuda a mantener un equilibrio cuando enfrentamos cualquier circunstancia adversa.
 
La resiliencia es un soporte del cual podemos sostenernos para no dejarnos debatir por aquellos acontecimientos adversos que llegan a nuestras vidas de una manera inesperada.
 
La psicóloga Patricia Ramírez sostiene que, sin la resiliencia “quedaríamos en el camino, deprimidos y desnudos ante la adversidad”. Por tanto, no te quedes desnudo, vístete de resiliencia y aprende a nadar siempre contra la corriente.  
 
Algunas personas no son dadas a vivir en resiliencia porque piensan que no es vivir la realidad de lo que sucede. Consideran que es un tipo de vida que solamente se usa por moda.
 
En realidad, es una manera de vivir la vida desde otra perspectiva en la que avanzamos y no nos detenemos ante las dificultades, sino que salimos airosos. Además nos ayuda a ser felices e incluso, a tener una vida más saludable y tranquila.
 
La psicología define la resiliencia como la capacidad que tenemos, unos más que otros, de enfrentar positivamente y sobreponernos a situaciones extremas.
 
Nadie tiene la culpa de lo que vivimos. Los demás no son responsables de lo que nos sucede. Por tanto, nadie debe pagar nuestras tragedias.
 
Vivir en resiliencia es no detenernos cuando se presenta una dificultad o una crisis, ni ver las situaciones como un obstáculo que se mantendrá en el tiempo, sino como un evento puntual.
 
Vivir en resiliencia es no ahogarnos en un vaso con agua, es solucionar cada dificultad que se suscita día a día. Es avanzar con pasos firmes y seguros.
 
Vivir en resiliencia es ver siempre lo positivo, ver lo bueno y lo que podamos aprender para ser felices y lograr nuestro propio bienestar.
 
Vivir en resiliencia es adaptarnos a situaciones que cambian nuestras vidas, como perder el amor de tu vida, un buen trabajo, cambiar de país o la muerte de un ser amado.
 
Una persona que no vive en resiliencia es aquella que al encontrarse en medio de una situación difícil, reniega, ve lo negativo y se desespera en vez de respirar, calmarse y pensar de manera positiva, buscando una solución.
 
No olvides que la vida está llena de cambios constantes. De hecho, cada día es un cambio, porque es un nuevo amanecer en el que vivimos nuevas experiencias.
 
“La vida no se hace más fácil o más indulgente, nosotros nos hacemos más fuertes y resilientes”, Steve Maraboli
 
Es recomendable contar siempre con al apoyo familiar y social. Además, adoptar actitudes de superación y sacar al máximo nuestras capacidades. Resistir las situaciones difíciles, protegernos ante los riesgos, mantener nuestra integridad bajo presión…
 
También, nutrir nuestro ser y por ende, nuestra personalidad. Trabajar en nuestro autocontrol y disminuir la ansiedad. Conservar una buena actitud pese a que en ocasiones cambie por las acciones de otras personas.
 
Vístete de resiliencia, no te quedes desnudo. Nada contra la corriente.
 
“Las personas resilientes han comprendido que el dolor es temporal, la tristeza opcional, y que los malos días, refuerzan su capacidad de seguir siempre adelante”, anónimo.
 
 
 
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