El castigo físico afecta a los niños negativamente.

“La infancia es fugaz. Que nuestra obsesión
por corregirla no nos impida disfrutarla.”
Carlos González

 
El castigo físico en niños como el famoso “chancletazo” o “la correa” ha sido; y aún sigue siendo, una de las estrategias de crianza más utilizadas por los padres. En muchos países latinoamericanos, donde se utiliza mucho el castigo físico, ha pasado a ser visto como parte de la cultura.

Se ha tomado el castigo físico como necesario e incluso obligatorio en el proceso de formación de los hijos, pero realmente ¿es tan eficaz cómo se cree socialmente?

Aunque el castigo físico es el más grave, también se suele utilizar el castigo verbal de tipo desaprobatorio, e incluso con el fin de dejar en ridículo a los hijos. Sobre estos dos tipos de castigo (especialmente el físico) la investigación científica demuestra que estos causan más problemas que beneficios en los niños.

Entre otras cosas, se ha demostrado que el castigo físico elimina la conducta temporalmente haciendo que luego reaparezca el comportamiento con más intensidad e incluso provocando conductas más disruptivas en los niños. Otra de las grandes consecuencias del castigo físico repetitivo es el distanciamiento emocional que surge entre el niño y el adulto que otorga el castigo.

El miedo, la rabia, el rencor, la soledad, la tristeza y abandono son algunos de los sentimientos que pueden aparecer en el niño, sin contar el daño a su autoestima y que se formen auto expectativas negativas.  

Además de todo esto, el castigo bloquea el desarrollo de la autonomía y limita su capacidad de resolución de problemas y los procesos de aprendizaje afectando su capacidad cognitiva en general. A nivel social, interrumpe el dialogo, la reflexión y dificultad de establecer relaciones causales entre su comportamiento (lo que ha hecho) y las consecuencias (lo que ha provocado su comportamiento).

Les hace creer que la violencia es la única forma de resolución de conflictos, lo que en últimas genera más violencia y limita la generación de habilidades sociales y de integración con sus pares.

Aunque el castigo es una técnica de modificación y eliminación de conducta necesaria en la educación y procesos adaptativos, el físico no es la mejor opción, pues además de ser ineficaz se ha visto los efectos negativos que produce en los niños. Como opción, los padres deben probar otras formas de castigar o educar, como quitar algo que quieran con el fin de disminuir o eliminar la conducta deseada, por ejemplo, no permitir que utilicen dispositivos tecnológicos por un tiempo, restringir salidas o que estén un tiempo a solas en su habitación.

Lo más importante, más que introducir un castigo, lo que se debe hacer es propiciar un tiempo para fomentar el diálogo y la reflexión sobre lo que ha sucedido y las consecuencias que tiene dicho comportamiento.

Finalmente, como educadores y padres, la tarea es repensar cómo estamos corrigiendo. ¿Utilizamos la violencia porque ha sido el método utilizado por generaciones? ¿En nosotros mismos? ¿Por impulsividad? ¿Por falta de estrategias más funcionales y adaptivas?

Facebook: Rubén Balanta Mera                                                                  Instagram: Rubendario086