El rasgo

“Desde la amabilidad es posible cambiar el mundo”, Mahatma Gandhi

La amabilidad nos ayuda a vincularnos con nuestro entorno de manera sana. Cuando somos amables transformamos nuestro alrededor, creando un ambiente agradable.
 
La amabilidad es una actitud positiva que practicamos con las demás personas y con todo lo que nos rodea. Habla de que las personas amables tienen un buen carácter, son afectivas y muestran consideración por los demás.
 
Las personas amables son dignas de ser AMADAS. Es un rasgo muy característico que no posee cualquiera. La amabilidad también se relaciona con el respeto y la buena relación que un ser humano desea vivir con lo que lo rodea.
 
Ser amable es MARAVILLOSO. No solo le puedes alegrar el día a alguien, sino que también puedes ser feliz tú: son gotas de amor que te hacen sonreír. Ser amable no es más que un acto de amor con el prójimo.
 
Darle paso a alguien, abrirle la puerta, ayudarle a llevar una bolsa de compra, responderle con respeto y buena disposición, calmar el llanto de una persona o simplemente darle ánimos, eso es ser amable y no cuesta nada.
 
Mostrar cortesía expresa nuestro comportamiento y buena actitud. También genera una positiva respuesta de los demás, que ayuda a desarrollar una mejor relación y comunicación.
 
Lo que damos, se nos devuelve. Por tanto, proyectar nuestro interior con amabilidad es importante. El optimismo es en parte eso, porque contagia y hace que las demás personas cambien su actitud para bien.
 
Recuerda que debes ser amable contigo mismo para ser amable con los demás. No tomarnos las malas caras de manera personal, ni los comentarios fuera de lugar, eso nos ayuda a seguir siendo amables con quien creemos no lo merece.
 
“La amabilidad es un idioma que el sordo puede oír y el ciego puede ver”, Mark Twain.  
 
Además, la amabilidad abre puertas, cierra caminos que deben culminar su tiempo, desprende sonrisas, conlleva sorpresas y regalos inesperados. Ese lenguaje, además, nos ayuda a tener un buen vivir, a sentirnos bien, tener paz, y de manera sorprendente, a tener la capacidad de autocontrol sobre nuestros estados de ánimos.
 
La amabilidad debe estar presente en todos los aspectos de nuestras vidas y en los roles que desempeñamos, en el trabajo, en el hogar, en los grupos sociales en los que compartamos y en cualquier otra actividad o comercio que visitemos.
 
Es un rasgo que nos debe caracterizar, una particularidad que debe destacar en nuestra forma de ser y estilo de vida. Si logramos ser respetuosos y a la vez, amables, las otras personas lo serán con nosotros.
 
Cuando converses con alguien, míralo a los ojos y escucha con atención lo que dice. Hazle saber que sus opiniones son importantes y si no las compartes, exprésate con respeto y no con menosprecio.
 
“La amabilidad no es un acto, es un estilo de vida”, Anónimo.
 
Por eso, no olvides que ser amable con otros le da estabilidad a tu estado emocional, equilibra tu ánimo y aleja las angustias, la ansiedad y el estrés.
 
¡Ser amable, no cuesta nada!
 
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