El veneno de las virtudes

“La envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento”, Jackson Brown


La envidia es el veneno de las virtudes, es la cadena de infinitos males y se viste de varios disfraces. Es un sentimiento que te consume, absorbe tu ser y destruye tu esencia.
 
El diccionario define la envidia como un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sean bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles.
 
Las personas con complejo de inferioridad por falta de dinero, por baja autoestima o cualquier otra causa, generalmente sienten envidia por no tener lo que consideran importante para ser alguien, el centro de atención o simplemente pertenecer a un grupo social cualquiera.
 
La ira y la frustración son los sentimientos que desencadenan la envidia y una infinidad de malas acciones, en las que incluso, son capaces de hacer daño. Hay casos en los que un halago, una sonrisa y una buena atención esconden y disfrazan este sentimiento, así como la crítica constante y el juicio en contra del otro.
 
El “no reconocimiento” de las virtudes de otras personas puede ser consecuencia de este sentimiento, cuando en realidad todos tenemos habilidades distintas que no nos hacen ser menos o más que otros. Simplemente cada quien tiene sus propios talentos.
 
El desear lo ajeno, el querer lo que posee el otro es un sentimiento que consume tu vida, destruye tu ser y lo bueno que hay en tu interior. Envidiar te lleva a dejar tu vida a un lado para estar pendiente de la del otro, porque empieza a tener toda tu atención y eso te hace sentir ira. Crees que a esa persona le va mejor que a ti porque de repente ostenta de más dinero, un mejor auto, trabajo, ropa, etc.
 
A veces, nos encontramos con personas que nos tratan exageradamente bien, son excesivos con sus acciones, quieren siempre acaparar nuestra atención: en el fondo, esas actitudes pueden esconder envidia. También puede ser al contrario, que siempre te señalan, critican tu forma de ser, de pensar, de actuar e incluso de vestir o tu cabello.
 
Después de brindarte su amistad, al no poder controlar más ese sentimiento, comienzan a atentar en tu contra, tratando de perjudicarte en el ambiente que comparten, bien sea familia, amigos, trabajo o estudios.
 
Las personas envidiosas no se valoran, no tienen amor propio. Muchas veces se aíslan, pierden amistades y afectos. Los que tienen este sentimiento consideran que los seres valen por lo que tienen, por lo que visten, por la chequera, por su apariencia física.
 
De hecho, la envidia puede llevar a la obsesión porque la persona centra su vida en el otro. Hay quienes dicen: ¡Te vas de viaje! ¡Que envidia de la buena! En el fondo eso esconde envidia, y no existe buena o mala, es solo una y te hace mal.
 
La vida es tan bonita para desgastarla en malos sentimientos que hacen daño y no permiten avanzar. Busquemos rodearnos de personas que nos brinden paz y armonía. Con seres que nos hagan sentir bien y que nos acompañen en nuestros logros y caídas, no con críticas sino con la corrección llena de amor.
 
¡No envidies! Todos podemos trabajar en función de alcanzar lo que deseamos. Construyamos ideales que sean reales y metas que sean posibles de materializar. No deseemos lo que posee el otro, deseemos lo que nosotros queremos para sí mismos. Se trata de que escribamos nuestro propio camino, porque al final, la envidia te roba tu paz mental.
 
“No se puede ser envidioso y feliz al mismo tiempo”, así que tú eliges qué quieres ser.

 
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