Hoy salí de mi casa en plena cuarentena

El encierro más grande no es el del cuerpo, sino el encarcelamiento del pensamiento.

Honestamente, no me importaste tú. A pesar de las recomendaciones de la OMS, de Gatell, de mis amigos y familiares médicos y de la presión social. Me reusé a seguir secuestrada por todo y todos. A pesar de saber que tengo una responsabilidad social con nuestros adultos mayores, mi familia y la sociedad en general, me valió y salí

Después de 18 días de encierro y posiblemente aún enferma de Covid-19 me salí, sabiendo que te molestaría a ti y a los vecinos, que defraudaría a mi mamá y mi papá. Lo siento, yo ya cumplí mi condena, me mantuve el 95% de mis días en encierro y me dije: ¡ya basta!

Me desperté a las 6:30 y di una clase para los chicos de universidad, era tarde así que no me bañé en ese momento; tal vez la falta de costumbre. Después me fui a desayunar y el desayuno me supo más delicioso que nunca: papaya con miel, huevos revueltos con jamón y 2 panes multigrano. La señorita del lugar fue de lo más amable y disfruté enormemente ver una cara tan simpática y servicial. 

Después agendé varias asesorías individuales con mis alumnos. Terminé y me largué al cine, de ahí al gimnasio; mi trasero pedía a gritos estar adolorido y le hice caso. Sudé delicioso, me bañé, me arreglé, me puse guapa con ropa linda, me peiné, me puse aretes y me maquillé. 

Tuve una rápida pero muy emotiva reunión familiar llena de risas y besos, descubrí cuánta falta me hacía ver a mi familia, de verdad no lo resistía más.  Ahora, sin la menor de las culpas, salgo corriendo para dar 3 sesiones de coaching, lamento decírtelo pero: ¡no, no me da remordimiento de conciencia! Por el contrario: ¡me siento genial! 

Hoy entiendo que lo que me tiene encerrada mide menos de un milímetro y esa idea me hizo reaccionar. 

  • “¿Te estas dejando encarcelar por algo menor a una hormiga?”, me dije y el impacto de poner mi situación en perspectiva me hizo reaccionar. Quisiera decirte que el que te enojes conmigo me hará entrar en razón pero no será así. 

No entraré en razón si ello significa encarcelarme porque hoy fue un día maravilloso y espero que mañana tú también salgas y sea maravilloso para ti. Vete por todos lados como un enloquecido, pasa todo el tiempo que quieras con los tuyos, no dejes que nadie te encarcele. Porque para salir no se necesita dejar tu casa, en mi caso, ni siquiera mi habitación. 

El encierro más grande no es el del cuerpo, sino el encarcelamiento del pensamiento.

Coach y Maestra Wendy M. Avalos Becerra

Directora General de Karantani 

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