Isabel… Porque las palabras no se las lleva el viento (Parte IV: Restauración)

“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos”

Proverbios 18:21

Isabel caminaba herida. Este capítulo de su vida se llama: sanidad y restauración. El Amor tocó su corazón con palabras y gestos que lo acariciaron, porque el cuerpo lo toca cualquiera, ¿pero el corazón? ¡Uff! Al alma y al corazón, no cualquiera llega.

Era el final de la década de los 90 s’. Palabras que nunca antes había escuchado, trataban de llamar su atención, pero ella le restaba importancia. El conquistador no cesaba. Ella era su objetivo. El reloj marcaba un cambio que para Isabel fue gratamente inesperado.

Día tras día, por las calles de su barrio, el conquistador la galanteaba. El dolor del alma ya se reflejaba en su cuerpo y Él le ofrecía sanidad. Como médico, es excelente. Sabía que su malestar físico era efecto de su alma cansada y herida.

No dejaba de profesarle Su Amor. Con sus palabras, era amable y cuidadoso con ella. Nadie había sido así. No solo le decía que la amaba, sino que le hacía ver que ella era capaz de todo lo que se propusiera, porque era una mujer completa. El “no puedes” cambió a “todo lo puedes”.

Sin embargo, ella no terminaba de aceptarlo. Le agradaba, sí, pero ella no lo aceptaba. Le marcaba un “hasta allí” y Él lo respetaba, era un caballero. Pero desde el punto que ella le marcaba, Él seguía expresándole Su Amor y diciéndole que era única.

Es que las palabras tienen poder, ya sea para edificar o para destruir, para formar o desformar, para guiar o descarrilarte, para herir o sanar, para alborotar o apaciguar, para amar y conquistar. Y las palabras de Él… las Palabras de Él sobrepasaban todo.

El dolor físico hizo que Isabel lo dejara acercarse. “Al hacerlo no pude contenerme a Su Amor. Lo acepté, me entregué, y me sentí plena”, dice.

Así, a los 40 años, aceptó la Plenitud de la Vida, y el Poder de creer en ella, de que es plena, capaz y de que hay una Fuerza Superior que la impulsa y que tiene todo bajo control; porque el universo está perfectamente diseñado para ella y su lugar está en el punto exacto, fijado por el Arquitecto Divino.

Y es que esa Plenitud no la alcanzó por lo físico o carnal, sino por el hecho de haber aceptado la Vida en ella, el Amor de Dios, el Médico que la conquistó, el Médico que la sanó.

Reconocer la Plenitud de lo Divino, le reveló que es plena y que todo está hermosamente diseñado para ella. Se dio cuenta de que nunca es tarde para vivir. Ese era su tiempo y las experiencias anteriores fueron parte de su proceso para alcanzar SER. Aprendió que cada vida es un proceso, todos con un mismo fin: VIVIR.

Aceptar esa Plenitud le dio un cambio rotundo a su timón. Se sintió Amada. El Amor la restauró, le dio vida y fuerzas para seguir. Ahora, sabe que no todo será color de rosa, pero también está segura que saldrá triunfante, porque todo lo puede y porque “en Él todo está bajo control”.

A sus casi 60 años, es tan fuerte que ni la silla de ruedas que ocupa la frena en su andar. Sabe que resultará victoriosa. Es que la felicidad emana de ella, está en su interior.

Ya no se deja herir ni condicionar por los dichos de otros, sino por los de Su Padre. Por algo su nombre significa “promesa de Dios”.

Y es que el Universo está perfectamente armonizado para ella… Es única, es poderosa, es libre, es hija de la Plenitud… Es Isabel.

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