La estimulación en niños también tiene sus límites.

“Cuando le enseñas a un niño algo, le quitas para siempre su oportunidad de descubrirlo por sí solo”
Jean Piaget
 

Todos hemos escuchado en algún momento de la vida que, incluso todo lo bueno en exceso es malo; y aunque no parezca, esta premisa aplica también para la estimulación en niños.

A menudo se ha hablado sobre los beneficios de estimular a los niños cognitivamente para desarrollar su potencial, y esto es totalmente cierto, la estimulación en la primera infancia ayuda a que se desarrollen conexiones neuronales, que se va a traducir en un aumento de la materia gris, lo cual a su vez significa, mejores funciones ejecutivas y en general, habilidades cognitivas. Sin embargo, en este terreno es fácil caer en excesos, produciendo una sobrestimulación, que no siempre es la mejor alternativa para los niños.

A veces, como padre, se quiere aprovechar todo ese potencial que tiene el cerebro infantil, y en esa medida, se hace muy tentador inscribirlos en un montón de actividades extracurriculares, en programas de estimulación los fines de semana, profesores externos en las tardes, programas vacacionales y demás actividades que sirvan para estimular a los niños… o en este caso, sobrestimular.

A este punto, es menester aclarar, que las actividades y programas de estimulación cognitivos son buenos y producen resultados siempre y cuando no se abuse de ellos, pues de lo contrario esto va a generar una sobrestimulación, o sea, se les crea una tendencia a mantener ocupada la mente en algo y por lo tanto, se le quita la oportunidad al cerebro de descansar, procesar todo lo que ha aprendido y reforzar otros conocimientos y habilidades ya adquiridas.

En esta línea, con someter al niño a una estimulación constante, solo se va lograr conseguir que el cerebro permanezca en un estado de tensión constante que a la larga va a crear niños impacientes, con tendencia a la ansiedad, al estrés y sin ninguna tolerancia a la frustración, lo cual es totalmente contraproducente para su desarrollo.

Por lo tanto, es muy importante recordar que la maduración cerebral sigue su propio ritmo, por ende, una estimulación sin caer en excesos, sin sobrecargar la jornada de los niños, es la clave para lograr un desarrollo óptimo y saludable.
Dejar que los niños tengan espacios en los que no hagan nada o se aburran es parte de ese balance que debe haber en la estimulación, pues aunque no parezca, cuando no se hace nada o se está en estado de aburrimiento, se activa el pensamiento creativo, lo cual va a ayudar a mejorar la toma de decisiones y la solución a los problemas que se presenten. Así mismo, se está dando espacio para relajarse, trabajar la paciencia  y la tolerancia a la frustración.

Ahora, aunque es cierto que los programas de estimulación cognitiva (cuando están basados en la evidencia científica) funcionan muy bien y cumplen su cometido, la verdad es que para una buena estimulación cognitiva no es necesario gastar sumas de dinero, basta utilizar los recursos que tenemos en casa para que puedan desarrollar actividades de lectura, escritura, dibujo o simplemente dejar que exploren libremente.

Los niños son investigadores natos, deseosos de saber cómo funciona el mundo que los rodea, y otorgarles espacios seguros donde puedan hacerlo es la mejor forma de estimulación cerebral.

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