LA TERTULIA

“Nunca lograrás cambiar tu vida hasta que no cambies todo lo que haces a diario”, John C. Maxwell

Reunirnos para vernos y saber cómo estábamos, solo era una excusa para ser parte de una buena tertulia. Hace muchos años, el encontrarnos en cafés, formó parte de nuestras vidas. Al culminar la jornada laboral, los días jueves o viernes, la cita pautada que nunca se modificaba era esa, vernos para conversar.
 
Encontrábamos en nuestras tertulias un momento de relax que no tenía comparación con nada. Se pasaban las horas entre risas, bromas, recuerdos, anécdotas y en ocasiones, el tema central era el trabajo, pues a veces, éramos masoquistas.
 
Casi a diario, a mitad de la tarde, nos escapábamos de la sala de redacción, a cualquier lugar cercano del periódico, a tomarnos un café entre minutos que volaban.
 
Atrás quedaban las sillas frías, el sonido de los teclados, los audífonos que calentaban nuestros oídos, las hojas de libretas llenas de testimonios…
 
¡Eran buenos tiempos! Las tertulias acompañadas de un buen café se convirtieron en parte de nuestras vidas: si había una noticia que contar, alguna historia, un dolor a causa del amor, lo que sea, lo hacíamos en torno al aroma del grano combinado con espuma blanca.
 
Eran tan necesarios estos encuentros, que cuando no lo hacíamos por falta de tiempo, se convertía en un asunto importante a tratar. La tertulia comenzó con dos, luego se juntaron más.
 
Allí, descubrí que, si no hacía una actividad distinta a la semana, no funcionaba. Me di cuenta que romper la rutina es imprescindible para poder seguir.
 
Debemos renovar energías. Haz algo que te guste cada siete días. Es un tiempo que tomarás para ti, pensando en ti. Es una inversión no un gasto, porque estás invirtiendo en tu salud, bienestar y estado emocional.
 
“Cambia tu rutina de vez en cuando. Prueba nuevos sabores. Ve a sitios diferentes. Ábrete a nuevas personas. De esto se trata la vida”, Anónimo.
 
La idea principal es que busques algo que se conecte a ti y te ayude a relajarte tanto física como mentalmente.
 
Además, hacerlo te ayuda a construir recuerdos y a realizar actividades distintas, que te den placer, no preocupaciones, ocupaciones y estrés.
 
Aprende a cambiar los pensamientos negativos por positivos, imágenes que te relajen y que te proyecten inmerso (a) en plenitud y bienestar.
 
Escucha el silencio, observa tu alrededor al detalle, respira tranquilamente, camina lentamente, cambia de dirección, toma las escaleras, no mires el reloj, date un gusto… Todo esto es parte de tu propia tertulia con tu interior.
 
Cuidemos lo que vemos y pensamos. Lo que entra por la vista se fija en nuestra mente, y nos acompaña en nuestros pensamientos a lo largo del día. Incluso durante la noche, cuando dormimos y soñamos aquello que vimos.
 
Cuando hacemos algo que nos gusta, nuestra mente se relaja y, por ende, nuestro cuerpo. Por tanto, combinemos tanto la actividad física como lo que pensamos, pues no es en vano esta frase “Mente sana en cuerpo sano”.
 
Descansar no es solo hacer nada, acostarse o sentarse a mirar al horizonte. Hacer una pausa durante el día o una vez a la semana, es saludable. Sin embargo, hay quienes piensan que es perder el tiempo y lo ven como pereza.
 
Consideran que estar siempre ocupados, trabajando, estresados y corriendo de un lado a otro les da un cierto estatus, porque son importantes si son vistos como una persona que no paran de producir. Al final, eso causa enfermedades. ¡No todo es trabajo!
 
No es de locos tomar pausas, darnos gustos y relajarnos, es de sabios e inteligentes hacerlo. No te pongas excusas para no hacerlo. Para cambiar tu rutina no necesitas hacer una gran inversión, con solo salir a caminar puedes darle un giro a tu día.
 
Atrévete a hacer algo que nunca has hecho pero que siempre has querido hacer. Trázalo como una tarea o un reto, pues “si piensas que la aventura es peligrosa, prueba la rutina, es mortal”, Paulo Coelho.
 
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