Motivación y sus tres alianzas

 

A menudo, solemos pensar que para lograr a cabo un proceso exitoso o para alcanzar tal meta se necesita de lo que yo suelo llamar el triunvirato, es decir: disciplina, esfuerzo y convencimiento. 

Sin embargo, dentro de esa triada lógica, existe un elemento muy importante y directamente proporcional con la victoria o derrota de ese objetivo, y que muchos de nosotros conocemos pero que por el afán, quizás de la sed de victoria o por la sensación dopaminérgica que se genera en nuestro cerebro de lograr la meta, solemos ignorar e incluso dejar a un lado y no prestar atención, y con ello hago referencia a la motivación.

Sobra decirlo, pero es importante entender que la motivación funciona como un combustible y que nosotros somos un tanque en donde se almacena dicho combustible y claramente, entre mayor motivación, mayor disposición actitudinal, mejores pensamientos de logro, presencia de emociones positivas para lograr la meta, pero ¿Cómo hacer que la motivación siempre esté a tope en nuestro almacén interno? 

En primer lugar, comprender la naturaleza de la motivación en el establecimiento de hábitos requiere de uno de los elementos del triunvirato y es la disciplina, es decir, de nada sirve tener motivación en planear una meta si no se dispone de la suficiente disciplina y entrega para anidar nuestras acciones, para pasar del pensar a la acción, sin embargo, y a pesar de que dispongamos de la disciplina, suele pasar que después de un tiempo nuestra motivación cae en picada y con ella nuestra disciplina se ve comprometida, por tal motivo, aquí entra en juego nuestro segundo elemento del triunvirato y es el esfuerzo.

En segundo lugar, comúnmente escuchamos la típica frase “no pain, no gain” o “no hay victoria sin sacrificio” y quizás, aunque sean frases muy trilladas e incluso hasta cliché, cabe resaltar que en el trasfondo de ellas y de muchas otras frases motivacionales, se esconde el verdadero valor de lo que permite que la motivación siga adelante y es el esfuerzo, téngase claro querido lector, que cuando me refiero a esfuerzo, no solo apunto al plano físico, sino también al plano emocional, mental y social.

A pesar de que la meta a la que queramos llegar sea diferente, el esfuerzo siempre tendrá ese carácter de sacrificio, de sudor, de dolor, de romper nuestra zona de confort y encontrar una zona de aprendizaje en donde podamos seguir creciendo y es allí en donde la motivación se sostiene para seguir perseverando, para lograr esa meta e ir estableciendo poco a poco el hábito de lo practicado.

Y por ello, en tercer lugar y no menos importante entra en juego el factor del convencimiento. Decido colocarlo de último, no porque implique que en una escala jerárquica sea el tercero en discordia, sino por el contrario, los tres elementos poseen igual relevancia y sostenibilidad; el convencimiento es esa raíz que se expande lentamente a medida que vamos fortaleciendo nuestro combustible de la disciplina y vamos realizando un esfuerzo para que la motivación de lo que queremos alcanzar se convierta en un hábito.

TIPS: Antes de empezar ese camino de reinvención personal se es necesario tener o aprender a desarrollar una fortaleza mental en donde se prevean las recaídas, las desmotivaciones e incluso el desaliento de nuestros propios pensamientos y el de amigos o familiares cercanos.

Solo un buen convencimiento para no desistir de nuestro objetivo permitirá lograr nuestro resultado y así convertirnos en nuestra mejor versión de nosotros mismos.
 

Posdata: “El primer paso siempre resultará el más difícil”
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