Trozos de papel  

“Los seres sensibles son como los buenos violines gastados, que con un ínfimo contacto del arco, vibran en cada una de sus partes”, Wassily Kandinsky


Las situaciones te afectan con gran facilidad, te perturba la incomprensión, te duele profundamente el desprecio, no entiendes la frialdad ni la falta de empatía, todo lo analizas más de una vez, te hiere la crítica y no toleras las injusticias: eres una persona emocional y con alta sensibilidad.
 
Las emociones son como trozos de papel. Cada uno es un sentimiento diferente que aflora ante las distintas circunstancias que vivimos, y de ellos, se desprenden las sensaciones.      
 
El gran dilema de las personas emocionales es su sensibilidad ante los acontecimientos que viven día a día y que dependen de su historia, herencia y el ambiente donde crecieron. También de los valores y principios que le transmitieron en su hogar y que se derivan del entorno en el que se desarrollaron en los diferentes aspectos de su vida.
 
Existen personas muy emocionales y por ende, muy sensibles. Son seres que manifiestan varios sentimientos frente a hechos que viven y que ese mismo sentir, se refleja en una expresión de sensibilidad.
 
No porque la persona sea emocional y en consecuencia sensible significa que es débil, frágil o cobarde. Al contrario, sorprendentemente son muy valientes y arriesgadas. Simplemente son mayormente capaces de sentir más allá que cualquier otra persona que sea más racional y lógica.
 
¡La sensibilidad no es una debilidad! Puede ser una fortaleza, porque nos hace ver las situaciones desde otra perspectiva y nos puede llevar a actuar de una manera proactiva.
 
La psicología sostiene que las personas emocionales tienen un tipo de personalidad caracterizado por la empatía y la intensidad con la que viven la vida. Es decir, viven con pasión.
 
Algunas personas son frías y no demuestran sus sentimientos y emociones, mientras que otras, son todo lo contrario, manifiestan su sensibilidad. Sin embargo, debemos estar atentos a no confundir esto con la dependencia afectiva o emocional.
 
La diferencia es que no podemos permitir que las emociones nos dominen, nosotros debemos controlarlas. En cambio, cuando dependemos afectivamente de los demás, nuestro estado de ánimo deriva de si los otros nos dan el afecto que necesitamos.
 
Las personas sensibles son positivas, alegres, empáticas, intuitivas, creativas, respetuosas, educadas, son comprometidas, brindan sabiduría y comprensión.
 
También suelen ser muy sensibles a las críticas, analizan con profundidad las situaciones, reaccionan de manera pasional, sienten más dolor que otros, les cuesta tomar decisiones y son más susceptibles a la ansiedad y depresión.
 
“Una persona altamente sensible siente de forma más intensa una experiencia que le cause una emoción”, Manuela Pérez.
 
Por tanto, las emociones no deben dominarte a ti, tú debes controlar tus emociones. El dolor es inevitable sentirlo, pero nosotros decidimos cuánto tiempo sufrimos.
 
Aprender a vivir con la crítica y la burla es imprescindible para estar en paz. Hasta eso debemos enfrentar en nuestra cotidianidad, porque cada persona piensa distinto y tiene una percepción diferente.
 
Las experiencias marcan nuestro interior. De hecho, de lo que pensamos y de cómo percibimos los acontecimientos, dependen de las experiencias que tenemos a lo largo de la vida. Además, nuestras reacciones son consecuencia también de las vivencias que nos rodean.
 
Cada ser es único, y es nuestra decisión si aceptamos o no a los otros como son, pero no podemos pretender que sean como nosotros pensamos que deben ser.
 
¡No seas esclavo de ti mismo! Maneja tus emociones con inteligencia. Usa tu sensibilidad de manera proactiva para tu bienestar. Recoge los trozos de papel de tus sentimientos y arma un rompe cabeza con tus sensaciones: Haz una fortaleza con tus emociones.
 
 
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