Viviendo una normalidad “anormal”

“La normalidad es una ilusión; lo que es normal para la araña, es un caos para la mosca”, Morticia Addams

Una vez más la vida nos pone a prueba. Hace tiempo todo cambió y nada es igual. La pandemia nos alejó de nuestros seres amados, de nuestras celebraciones, tradiciones y cotidianidad. Nos llevó a estar con nosotros mismos y los nuestros.
 
Del tumulto de la ciudad, de la tranquilidad que puede brindar una tertulia acompañada de un buen café o el sonido del mar, pasamos a estar es nuestras casas, cuando para algunos, solo llegábamos a dormir por las diversas responsabilidades.
 
Retornando a una normalidad, que en realidad, es anormal para muchos. Empieza un nuevo camino que debemos recorrer tapando la mitad de nuestros rostros y manteniendo un distanciamiento social. Pero no todo es malo. Aprendimos mucho en esta vivencia en la que debimos estar mucho tiempo aislados y separados.
 
Ahora vemos la luz nuevamente, aunque otros retornaron a estar en sus casas. Pero ¿quién no aprendió a valorar más a la familia, el hogar…?
 
Hemos vivido tanto tiempo ocultando nuestros rostros, que nos sorprendemos cuando observamos las caras descubiertas de los demás.  
 
Este tiempo sirvió para mirar adentro y reinventarnos, no solo en el aspecto laboral sino también en el plano emocional y afectivo. En nuestras manos está el no perder la esencia de esta experiencia.
 
Sin embargo, has pensado en que todo tiene que ser otra vez igual. Acaso lo que hacíamos antes era lo normal. Con la pandemia la naturaleza recobró su espacio, los animales fueron a sus bosques, los delfines a sus mares…
 
A lo mejor, la normalidad es la de ahora y quizás la que existía no era la verdadera. ¿Te lo has preguntado? ¿La normalidad era realmente la que conocíamos? ¿Cómo deseas vivir, como hoy o como antes?
 
Compara cómo te sentías anteriormente a cómo te sientes actualmente. Reflexiona qué ganaste durante el tiempo que tuviste para ti y tu familia. Si te reinventaste, ahora es momento de demostrarte lo que aprendiste y ponerlo en práctica.
 
Isabela extrañaba caminar por las calles, era su tiempo relax en el que despejaba su mente de la rutina. Al salir del confinamiento y reencontrarse con el bullicio de la ciudad, sintió una normalidad extraña, pero esa misma sensación la llevó a preguntarse ¿y si ésta es la verdadera normalidad en la que debemos vivir, en la que todos debemos darnos nuestro tiempo y respetar nuestros propios espacios?
 
La pandemia hace estragos en la vida de muchos, pero, también está normalizando muchas situaciones que no le dábamos valor.
 
Visibilizó mucho de nuestro ser interior y exterior, “porque toda acción tiene una consecuencia y lo que haces cuenta”. Existen personas que llegaron a aceptarse como son. Algunos no se soportaban y aprendieron a corregir sus defectos.
 
El confinamiento nos cambió. El tiempo se detuvo frente a nosotros y al salir de casa nuevamente, es como empezar de cero. Piensa bien qué dirección quieres tomar: retomas la misma o construyes una nueva.
 
La pandemia generó una crisis mundial, y toda crisis trae cambios. Evalúa qué cambió en ti y qué conllevará en adelante, esa transición que diste a ciertos puntos de tu vida.
 
Se trata de abrirte a nuevos caminos, de usar otras vías alternativas y de arriesgarte más. Reflexiona sobre las opciones que se te presentan, toma la vida con calma, camina un poco más lento y detente a observar lo que te rodea.
 
Acepta que puedes ser feliz en el lugar que estés y como estrategia, cambia tu rutina una vez a la semana.  
 
En otras palabras, te pregunto: ¿Quién quieres ser adelante? y sobre todo, cuando te toque, pararte al otro lado de la vereda.
 
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